Volver a la principal

martes 09 febrero 2010

De papel higiénico y mi infancia antisistema


En mi defensa, y antes de escribir alguna palabra más, comenzaré esta entrada diciendo que sí que es raro que un diseñador gráfico escriba de papel higiénico en su blog, aunque para qué nos vamos a engañar... creo que es de las pocas cosas que tenemos en común todas las personas. Escatologismos a otro lado, tampoco es terriblemente escandaloso que me haya ofrecido voluntario a hablar del nuevo Colhogar Dermia... ¿que si me he vuelto loco? Pues no, pero pedí expresamente hablar de este producto porque me parecía una buenísima excusa para retomar una historia que comenzó en 1987.

Soy, lo que puede decirse, un consumidor fiel a una marca. Desde entonces compro Colhogar porque siempre me ha parecido que la ligera diferencia de precio frente a su competencia es ínfima comparando su calidad. Pero además por la historia que a continuación les cuento:

1987. Sitio: cocina de mi casa. Compañía: materna. Situación: intento escapar de la merienda diaria para bajar a jugar al parque. El bocata con Nocilla me espera encima de la mesa y mi madre consiente que me lo vaya comiendo mientras bajo, y procede a envolvérmelo en una servilleta. La primera, se rompe inadecuadamente y no da para cubrir el bocadillo. Segundo intento, mismo resultado. Tercer intento... ¿¿mismo resultado?? .... mis nervios ya no aguantaban más... a la cuarta fue la vencida. En un acto de paciencia inconcebible por mi parte, mi madre parte la servilleta cuidadosamente por la línea de puntos. Esa noche tenía una sóla cosa en mente... reclamar.

Siempre oía a mi padre decir que por qué se compraba Colhogar si era más caro que otros y mi madre siempre defendía la causa porque "daba más de sí". Asi que me pareció obligatorio que los Sres. de Colhogar supieran lo que acontecía en mi casa con sus defectuosos troquelados de línea de puntos. Y ni corto ni perezoso les escribí una carta manuscrita, callado la boca, como quien no quiere la cosa. En ella relataba mi problema con el bocata de Nocilla, etc... Para más inri, les aconsejé que los dibujos que venían impresos en ellos (unas flores muy chulas) los hicieran en otros colores y si tenían alguna utliidad o si podían quitarlos para que fueran más baratos los rollos.

Al día siguiente se lo dije a mi madre, para que me diera la dirección que aparecía en el plástico. En aquel entonces mandaba alguna que otra carta a la revista "Pulgarcito" asi que era normal fuéramos a Correos. Mi madre se tomó aquello como yo lo vería ahora: al cachondeo.... jajaja..... "Este chiquillo se cree que le van a hacer caso."

Pasó la navidad de ese año y pasaron los Reyes. Yo, incauto aún, estaba furioso porque no había conseguido respuesta alguna, y mi madre me consolaba intentando hacerme ver que no iban a contestar a un niño de 12 años. Pero un buen día (14 de enero de 1988 por el matasellos del sobre) llegó a nuestro buzón un aviso de correos. Sergio Sánchez Rodríguez tenía un paquete que recoger en la oficina de Sarrió- Tisú. Asi que fuimos sin saber qué era eso de Sarrió Nosequé, y recogimos una pequeña caja. En ella, una carta y un revistero serigrafiado muy ochentero con el logo de Colhogar impreso...... la cara de mi madre no la olvidaré... jajajajaa.. mezcla de incredulidad y de cachondeo porque me hubieran hecho caso.

Desde mi perspectiva actual flipo con que un señor del Departamento de Marketing abandonara su trabajo para contestar en fechas tan señaladas (23 de diciembre, fecha de redacción) a un niño de 12 años que así se había identificado. Y mejor aún que se disculpara con un lenguaje sencillo por los problemas que ocasionaban y aún más que entrara al trapo del tema del color de las flores... jjajajajajaa

Ese momento D. José Ignacio Sumoy ganó 3 clientes fijos de por vida: mis padres y yo. Desconozco si el Sr. Sumoy sigue al frente de Sarrió-Tisú, pero si contestó a un niño de 12 años, ni puedo imaginarme la cantidad de cartas que redactó en su máquina de escribir para atender las quejas o sugerencias..... marketing a la antigua usanza: directo al consumidor. Ruego a los responsables actuales que cuando lean esta entrada, y si está en su mano, le hagan llegar mis respetos y admiración al Sr. Sumoy por tal acto.

2010. Sitio: la mesa de mi estudio en casa. Compañía: mi camiseta friki de Star Wars y mis muñecos de Pocoyó sobre la mesa. Situación: me pongo a escribir esta entrada con la idea preconcebida de que seguramente no cumplirá las expectativas de Colhogar a la hora de promocionar el nuevo papel higiénico de la gama. Colhogar Dermia. Para intentarlo, rompo el paquete y me dispongo a probar las lindezas que promete. Textura y un 20% más de extensión frente a los rollos normales. Resultado: textura muuuuy agrabable.... realmente suave.... aunque tendrá que probarlo el ojo no vizco que tengo. Extensión.... aparentemente es una bestialidad.... jajajajaaja. me ha dado para hacer el chorra sobre la cama y de paso probar el objetivo 65mm 2,8 que cayó en Reyes :D

Y poquito más que contarles.... que espero que los de Colhogar no me maten por aprovechar la ocasión para contar mi historia y que los de Bloguzz no me metan en su lista negra... jajajajaj

Por cierto, en pago a los pobres que han aguantado leyendo esta entrada de forma íntegra, decirles que los primeros 10000 que envíen 3 códigos de barra del producto, les regalan un práctico revistero que se coloca de forma sencilla en la cisterna.... revistero que, por cierto, a mí me han enviado de regalo :D

Apartado de Correos 14065. Código Postal 08080 de Barcelona.

Más información en la web oficial.