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lunes 29 septiembre 2008

El mundo coral y musical de Canarias pierde a Francisco Brito Báez


Cuando la marea de Las Canteras dejó de humedecer sus pisadas muchos supimos que las notas que entonces salían de la nada no encontrarían una partitura en blanco sobre la que vivir una apasionante aventura: la música.

Francisco Brito Baéz fue la música personificada; la adecuada para cada instante, aquella que resuena en cada rincón del sentimiento humano, la más pura y, sin embargo, la menos reconocida..... Su vida fue una quimera escrita entre cadencias e intervalos; su mejor composición: su familia. Una familia que no sólo abarca la natural, sino la que alimentó durante años con sus conocimientos. Centenares de personas pasamos por sus manos, en mayor o menor cantidad, pero en todos dejó su impronta. Los que aprendieron y descubrieron una vocación en su escuela, los que aprendieron a entonar sus primeras notas y evolucionaron con su particular forma de concebir la dirección en diversas corales que formó y cultivó, los que dieron sus primeros pasos como solistas, los que se enamoraron en cientos de conciertos.....

Su familia natural lleva ahora consigo la riqueza de un hombre querido por muchos: las melodías que marcaron sus vidas. Su esposa y sus hijos son la sinfonía de cinco movimientos de la que ahora escribía el sexto, el séptimo, el octavo, el noveno....... con la experiencia del abuelo conocedor de los matices de la vida y con la ilusión del niño que soñaba ser en el estrépito de cada ola que sucumbía a sus pies durante los largos paseos que le han acompañado.

A menudo, la sociedad reconoce públicamente la labor de pseudo-creadores que vuelcan parte de sus vidas en rodearse de políticos y personas de influencia contrastada para obtener un rédito inmediato. Los hay, que incluso hoy sobreviven rapiñando subvenciones que nunca debieron destinarse a tales fines.

Y existen las personas que dedican su vida a hacer mejores a otras, a trasladar a papel pautado sus sensaciones sin más ánimo que aliviar su alma de tanto peso emocional, de transmitir todo su conocimiento a quienes están dispuestos a recibirlo sin más precio que el mutuo interés por reconocerse el esfuerzo.... esas son las personas que no salen en la foto, pero que aúnan el cariño y el respeto de toda una sociedad muda.

Así era Paco Brito, un hombre generoso como pocos ha habido en el mundo tan intransigente y receloso de la música clásica de las islas, un compositor que se rendía a los sentimientos puros, un director que emanaba destellos en sus gestos comedidos, un padre que construyó una de las mayores herencias culturales de las islas.

Hace poco recibía un homenaje en vida en el cénit de su batalla con la enfermedad que se lo ha terminado por llevar: era nombrado Socio Honorífico de la Asociación Promuscan en un acto en el Paraninfo de la ULPGC al que no asistieron los políticos (con honrosas excepciones) y al que sí asistimos los que le promulgamos ahora recuerdo eterno.

Hoy tampoco ha habido reconocimiento oficial en un día de luto para la cultura de las islas, y por eso Francisco Brito ha recibido la mejor despedida que podía tener: la de su gente, la del pueblo. Llorando han quedado esta tarde numerosas corales de Gran Canaria y serán muchos los músicos que recordarán ese instante que hizo que se llevarán a casa un concierto inolvidable.

El Réquiem que compuso y que mañana le despedirá en Arucas, su pueblo natal, no es más que un capricho que la vida ha querido rescatar para el momento del reencuentro del Músico con los suyos.

Te queremos, Brito.